Francisco, líder ético y político (comentario)

Bastaron cinco días. Sin duda, días intensos para Francisco en Colombia que se grafican hasta con su chichón en la cabeza. Días que permiten concluir que su mensaje es tremendamente esperanzador.

Las imágenes de la televisión mostraron un país que se volcó a las calles y a los eventos masivos. Se mostró un país con una población mayoritariamente, muy mayoritariamente, católica. Algo que en Chile, hoy, difícilmente se palmará en las pantallas de televisión.

En medio de esas multitudes que esperaban en las veredas su paso, que lo seguían con lluvia o con calor, lo hacían siempre con alegría y entusiasmo. él, desde su papa móbil mostraba en gestos su carácter afable, abierto, derrochaba sonrisas y simpatía, como “campechano” dicen algunos. Ya en discurseando, es el líder que es capaz de decir las cosas más duras de modo simple y directo, usando metáforas para explicar mejor y nunca con eufenismos que esconden la verdad.

“Es un gran líder mundial con la ética, los valores y la conexión con las necesidades de la gente que no encontramos en los políticos de Occidente”, explica Miguel Ángel Herrera, experto en comunicación entrevistado por el diario El Mundo de Madrid. Añade que “en América Latina es más líder aún porque sus antecesores podían predicar idénticos valores humanistas y apostólicos, pero sin la credibilidad y el impacto de Francisco porque sabemos que nos habla en nuestro idioma de una realidad que conoce, que sufrió y vivió de alguna manera. Y es un apóstol de la paz, anhelo de pobres y ricos en todo el planeta”.

Pero más allá de la empatía, nuestros análisis no pueden quedarse solo en constataciones comunicacionales ni en su gran manejo del marketing. Todo eso es cierto, pero subrayarlo sería hacer una nota blanda más como lo hacen los medios hegemónicos.

Lo de Francisco es comunicación pero comunicación para la libertad, para un contenido.

Así podemos percibir que él ha traído un aire fresco a la Iglesia latinoamericana y la ha desafiado derechamente como lo ha hecho en su discurso a los obispos del Celam: “Si queremos una nueva y vasta etapa de la fe en el continente -les dijo a los prelados en su cara- no la vamos a obtener sin las mujeres. Por favor, no pueden ser reducidas a siervas de nuestro recalcitrante clericalismo”.

Francisco es un fenómeno comunicacional y político que pone los temas relevantes que importan a las mayorías, a los que no tienen acceso al sistema o que teniéndolo anda a patadas con su subsistencia.

Así entendemos mejor cómo FRancisco se hace defensor de la paz que es fruto de la justicia. No de cualquier paz como si tratara de un simple reconciliador. No por hippie es un defensor de la sustentabilidad de nuestro planeta para asegurar el cuidado de la creación a las generaciones actuales y futuras. Es profeta que denuncia las injusticias del neoliberalismo, y un profeta que anuncia los derechos humanos fundados en la dignidad humana de toda criatura viviente.

En ese sentido es un papa que pone énfasis en los temas que al mundo actual importan. Y en esa línea esperamos que su venida en enero próximo a Chile y Perú, sea continuador del de Colombia, transmitiendo un mensaje liberador en favor los mapuche, de justicia para los migrantes, de respeto para mujeres que luchan contra el machismo, ánimo para los jóvenes que buscan el sentido del mundo actual.

Por eso nos cabe la certeza que el mensaje esperanzador de Francisco podrá acercar a muchos y muchas que se han alejado porque repudian como nosotros a los Karadima y sus redes de encubridores en la Iglesia.

Como fue en Colombia, la visita a Chile será más que una visita apostólica con acento pastoral. Será una visita política con el mejor político del mundo porque su mensaje va más allá de los religioso. El discurso de Francico, aunque no le guste a muchos de los organizadores y auspiciadores, es para la gente sencilla que vive en las periferias, un símbolo de contrapoder, un valuarte en la lucha contra el neliberalismo, un ejemplo de discupulado, alguien que es ante todo coherente. Por eso se vuelve profundamente transformador y revolucionario, el líder que el mundo necesita.

Los tiempos son otros, el mundo cambió. Y con Francisco la iglesia no se quiere quedar atrás.

 

Aníbal Pastor N.
Periodista