Francisco en Iquique: Aprender de los migrantes y que nadie se quede fuera de la fiesta

En su última homilía en Chile, Francisco relevó enseñanzas de las Bodas de Caná para su mensaje final sobre migrantes. Saludó a los peregrinos de países vecinos y pidió que los argentinos no se pusieran celosos. 

La principal actividad realizada en Iquique, fue una eucaristía con cerca de 90 mil personas muy por debajo de lo previsto por la organización de la visita papal (alrededor de 400 mil).

En su comentario del evangelio de las Bodas de Caná, el papa abordó la necesidad de acoger a los migrantes. “Como María en Caná, –dijo– busquemos aprender a estar atentos en nuestras plazas y poblados, y reconocer a aquellos que tienen la vida «aguada»; que han perdido —o les han robado— las razones para celebrar. Y no tengamos miedo de alzar nuestras voces para decir:   «no tienen vino»”.

Y continuó:  “El clamor del pueblo de Dios, el clamor del pobre, que tiene forma de oración y ensancha el corazón y nos enseña a estar atentos. Estemos atentos a todas las situaciones de injusticia y a las nuevas formas de explotación que exponen a tantos hermanos a perder la alegría de la fiesta. Estemos atentos frente a la precarización del trabajo que destruye vidas y hogares. Estemos atentos a los que se aprovechan de la irregularidad de muchos inmigrantes porque no conocen el idioma o no tienen los papeles en «regla». Estemos atentos a la falta de techo, tierra y trabajo de tantas familias. Y como María digamos con fe: no tienen vino”.

Francisco invitó “a dar una mano y que nuestra solidaridad y compromiso con la justicia sea parte del baile o la canción”, tema relevante pues la eucaristía estuvo lleno de bailes y tradiciones religiosas del norte chileno tal como se venera a la Virgen de Carmen en esta región y alrededores.

Francisco pidió a los feligreses que “aprovechemos de aprender de los valores, sabiduría y fe que los migrantes traen consigo. No nos privemos de todo lo bueno que tienen para aportar”. Dijo: “Y dejemos a Jesús que termine el milagro, transformando nuestras comunidades y nuestros corazones en signo vivo de su presencia, que es alegre y festiva porque hemos experimentado que Dios-está-con-nosotros, porque hemos aprendido a hospedarlo en medio de nuestro corazón. Alegría y fiesta contagiosa que nos lleva a no dejar a nadie fuera del anuncio de esta Buena Nueva y a transmitir todo lo que hay de nuestra cultura originaria para enriquecerla también con lo nuestro. Con nuestras tradiciones. nuestra sabiduria ancestral, para que el que viene encuentre sabiduría, y dé sabiduría. Eso es fiesta, eso es agua convertida en vino, eso es el milagro que hace Jesús”.

Al concluir la ceremonia, Francisco agradeció a la Presidenta Michele Bachelet por la invitación al país, a los organizadores y a los más de 20 mil voluntarios. Indicó, por último, que ahora seguía su peregrinar a Perú, un país hermano de esta Patria Grande que estamos llamados a cuidar y defender”. Saludó a los peregrinos de países hermanos que vinieron a acompañerle y pidió a los argentinos a “no ponerse celosos”.

 

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