Viene el papa, ¿se podrá despenalizar el aborto?

por Patricia Politzer *

Si bien el Pontífice vendrá después de las elecciones presidenciales y parlamentarias, cabe preguntarse si su visita podrá influir no sólo en el debate político de los próximos meses sino también en el éxito o fracaso de algunos proyectos legislativos. Frente a las urgencias económico-sociales, sus opiniones están más cerca de la centro-izquierda y del pensamiento de la Presidenta Bachelet, pero quizás el precio que La Moneda tenga que pagar por recibir a Francisco y fortalecer tales planteamientos, sea la postergación del matrimonio igualitario y la despenalización del aborto.

Hace 30 años, el país entero palpitaba con la visita de Juan Pablo II. Nadie quedó indiferente, sin importar la fe de cada cual, o incluso la ausencia de ella. Una visita inolvidable para los chilenos hoy mayores de 40. Todo indica que la anunciada visita del Papa Francisco no tendrá la tensión ni desbordará las emociones como ocurrió en aquella época, cuando Juan Pablo II fue recibido por Pinochet en plena dictadura. Sin embargo, esto no desmerece su trascendencia.

Más allá de ser un acontecimiento sublime para los católicos, la visita de un Papa es también un hecho político. No sólo porque es un jefe de Estado sino, sobre todo, por su relevancia como figura ética.

El Santo Padre llegará a Chile el 15 de enero. El mes más caluroso del año no es el mejor para organizar encuentros masivos que se duran varias horas, pero claramente el Pontífice quiso venir a Chile antes de que la Presidenta Bachelet termine su mandato. Un gesto que da cuenta del prestigio internacional de la mandataria, que no parece opacado por las críticas internas a su gobierno. Pero quizás la decisión papal también refleja una cierta sintonía en la forma en que ambos evalúan las urgencias del siglo XXI.

Además de Santiago, viajará a Temuco e Iquique. Dos ciudades que no fueron elegidas al azar, sino que calzan exactamente con sus inquietudes prioritarias: inmigrantes, pobreza y pueblos originarios.

Como buen argentino, Jorge Mario Bergoglio habla claro y sin eufemismos. Y especialmente en estos temas, sus palabras suelen ser duras.

Cuando se refiere a los migrantes, no habla de delincuencia ni de trabajos perdidos, sino de “desplazamientos forzados causados por conflictos, desastres naturales, persecuciones, cambio climático, violencias, pobreza extrema y condiciones de vida indigna”. Por eso, pide “superar la indiferencia” y afirma que protegerlos es “un imperativo moral”.

Con una vida austera en pleno Vaticano, el Papa predica contra los abusos y “la riqueza descarada en manos de unos pocos privilegiados, con frecuencia acompañada de la ilegalidad y la explotación ofensiva de la dignidad humana”. Denuncia las crecientes desigualdades sociales, ante las cuales –según dice- no es posible mantenerse inactivo ni resignado. Ha dicho de manera reiterada que vivimos en una sociedad “intoxicada por el consumismo” y que se requiere una nueva forma de ejercer la economía para enfrentar la pobreza y la fragilidad del planeta. Y es que la protección del medio ambiente y el cambio climático también le quitan el sueño.

La Iglesia puede tener discrepancias internas en muchos temas, pero si hay algo en que la voz es una -desde conservadores a progresistas- es el rechazo absoluto al aborto.

Probablemente de ello hablará cuando visite la Araucanía, tal como lo hizo durante su viaje a México cuando pidió perdón a los indígenas de Chiapas. Y es que en tales circunstancias, Francisco suele ver más injusticia, depredación y humillaciones que actos terroristas. “Algunos han considerado inferiores sus valores, su cultura y sus tradiciones, -dijo en Chiapas-. Otros, mareados por el poder, el dinero y las leyes del mercado, los han despojado de sus tierras o han realizado acciones que las contaminan. ¡Qué tristeza! Qué bien nos haría a todos hacer un examen de conciencia y aprender a decir: ¡perdón! El mundo de hoy, despojado por la cultura del descarte, los necesita”. Hizo hincapié en que los indígenas tienen mucho que enseñar a la Humanidad, “sus pueblos saben relacionarse armónicamente con la naturaleza, a la que respetan como fuente de alimento, casa común y altar del compartir humano”.

Si bien el Pontífice vendrá después de las elecciones presidenciales y parlamentarias, cabe preguntarse si su visita podrá influir no sólo en el debate político de los próximos meses sino también en el éxito o fracaso de algunos proyectos.

Porque lo cierto es que la presencia del Papa no se reduce a esos cuatro días en que estará en tierra chilena. Su pensamiento y sus dichos comenzarán a circular desde ahora y seguirán dando que hablar una vez que haya partido hacia Perú. Ese es precisamente uno de los desafíos de la Comisión Organizadora de la visita, como lo señaló su director ejecutivo, Javier Peralta.

Hace unos días, el Vaticano dio a conocer los temas que abordará en septiembre durante su visita a Colombia. Sin duda lo que diga durante ese viaje llegará a Chile con especial fuerza y tendrán las interpretaciones locales correspondientes.

Frente a las urgencias económico-sociales, sus opiniones están más cerca de la centro-izquierda y del pensamiento de la Presidenta Bachelet. Pero quizás el precio que La Moneda tenga que pagar por recibir a Francisco y fortalecer tales planteamientos, sea la postergación del matrimonio igualitario y la despenalización del aborto.

Basta recordar el rostro de desagrado del cardenal Ricardo Ezzati frente a estos tópicos, durante la reciente Cuenta Pública de Bachelet, para entender que la Iglesia Católica no dejará pasar esta oportunidad para presionar en contra de tales iniciativas. La visita del Papa es un verdadero regalo en este sentido. Ni siquiera habrá que dar mayores argumentos, bastaría con decir que resulta descortés e impropio poner sobre la mesa asuntos que incomodan a tan ilustre invitado.

Y la Iglesia no estará sola en esta cruzada. Serán muchas las voces que desde ahora dirán que es un desaire al Santo Padre aprobar leyes de aborto y derechos para homosexuales justo antes que llegue a nuestro país.

Sin embargo, también en este punto Francisco ha roto esquemas. En noviembre del año pasado, sin dejar de considerar el aborto como un pecado grave, autorizó a los sacerdotes a absolver a las mujeres que lo hayan practicado sin necesidad de pedir la venia del obispo o del propio Papa.

De alguna manera, el proyecto de ley que se debate en el Parlamento, está en esa misma línea: despenalización del aborto en tres causales que lo hacen factible. Es decir, perdonar el pecado. Quizás se pueda avanzar, a pesar de la inminente visita de Francisco.

* Periodista. Opinión publicada en El Mostrador: http://www.elmostrador.cl/noticias/opinion/2017/06/21/viene-el-papa-se-podra-despenalizar-el-aborto/