Francisco en Iquique: Aprender de los migrantes y que nadie se quede fuera de la fiesta

En su última homilía en Chile, Francisco relevó enseñanzas de las Bodas de Caná para su mensaje final sobre migrantes. Saludó a los peregrinos de países vecinos y pidió que los argentinos no se pusieran celosos. 

La principal actividad realizada en Iquique, fue una eucaristía con cerca de 90 mil personas muy por debajo de lo previsto por la organización de la visita papal (alrededor de 400 mil).

En su comentario del evangelio de las Bodas de Caná, el papa abordó la necesidad de acoger a los migrantes. “Como María en Caná, –dijo– busquemos aprender a estar atentos en nuestras plazas y poblados, y reconocer a aquellos que tienen la vida «aguada»; que han perdido —o les han robado— las razones para celebrar. Y no tengamos miedo de alzar nuestras voces para decir:   «no tienen vino»”.

Y continuó:  “El clamor del pueblo de Dios, el clamor del pobre, que tiene forma de oración y ensancha el corazón y nos enseña a estar atentos. Estemos atentos a todas las situaciones de injusticia y a las nuevas formas de explotación que exponen a tantos hermanos a perder la alegría de la fiesta. Estemos atentos frente a la precarización del trabajo que destruye vidas y hogares. Estemos atentos a los que se aprovechan de la irregularidad de muchos inmigrantes porque no conocen el idioma o no tienen los papeles en «regla». Estemos atentos a la falta de techo, tierra y trabajo de tantas familias. Y como María digamos con fe: no tienen vino”.

Francisco invitó “a dar una mano y que nuestra solidaridad y compromiso con la justicia sea parte del baile o la canción”, tema relevante pues la eucaristía estuvo lleno de bailes y tradiciones religiosas del norte chileno tal como se venera a la Virgen de Carmen en esta región y alrededores.

Francisco pidió a los feligreses que “aprovechemos de aprender de los valores, sabiduría y fe que los migrantes traen consigo. No nos privemos de todo lo bueno que tienen para aportar”. Dijo: “Y dejemos a Jesús que termine el milagro, transformando nuestras comunidades y nuestros corazones en signo vivo de su presencia, que es alegre y festiva porque hemos experimentado que Dios-está-con-nosotros, porque hemos aprendido a hospedarlo en medio de nuestro corazón. Alegría y fiesta contagiosa que nos lleva a no dejar a nadie fuera del anuncio de esta Buena Nueva y a transmitir todo lo que hay de nuestra cultura originaria para enriquecerla también con lo nuestro. Con nuestras tradiciones. nuestra sabiduria ancestral, para que el que viene encuentre sabiduría, y dé sabiduría. Eso es fiesta, eso es agua convertida en vino, eso es el milagro que hace Jesús”.

Al concluir la ceremonia, Francisco agradeció a la Presidenta Michele Bachelet por la invitación al país, a los organizadores y a los más de 20 mil voluntarios. Indicó, por último, que ahora seguía su peregrinar a Perú, un país hermano de esta Patria Grande que estamos llamados a cuidar y defender”. Saludó a los peregrinos de países hermanos que vinieron a acompañerle y pidió a los argentinos a “no ponerse celosos”.

 

/ APN

Francisco se comntectó con los jóvenes y les confió la contraseña para la vida

Francisco tuvo un vibrante encuentro en la explanada del Templo Votivo de Maipú con cerca de 40 mil jóvenes que interactuaron con el papa bajo un intensos calor.
 
En la oportunidad Francisco comenzó con una referencia A Maipú y a la patria para llamar a los jóvenes a “ser protagonistas del corazón de Chile que sueña”. Chile ha soñado a lo grande porque de estas tierras se han extendido experiencias a lo largo del continente, dijo.
“Quieran a su tierra y den lo mejor de ustedes, a su Chile. Tienen que ser patriotas y no patrioteros, que no es lo mismo. He descubierto como obispo que hay muchas ideas entre los jóvenes. El problema lo tenemos los grandes”, dijo porque cuando se escucha a los jóvenes se termina descalificándolos.
Francisco les explicó que “madurar es crecer y hacer crecer los sueños. Madurar no es corromperse. Si creer que nada va a cambiar eso es corrupción. “Siempre hay que mirar adelante y no bajar la guardia porque eso es corrupción”, les dijo reiteradamente.
Luego les explicó que se realizará el Sínodo de Obispos sobre los jóvenes pero que para permitir que los jóvenes expresen lo que necesitan, se realizará un Encuentro de Jóvenes a nivel mundial. Anunció que este encuentro se realizará antes del sínodo. Va a ser un encuentro con jóvenes católicos y no católicos, con creyentes y no creyentes. Ahí se espera que hablen con valentía y digan lo que sientan. Ayúdenos a que la iglesia tenga un rostro de joven, joven real no con crema rejuvenecida, joven porque se y se dejen interpelar. La iglesia necesita que ustedes saquen el carnet de mayor de edad espiritualmente y tengan el coraje de decirnos cuál es el camino. Digan lo que sientan y lo que piensan, les remarcó.
Mediante una metáfora de comunicación tecnológica, Francisco explicó con palabras simples y sencillas alos jóvenes la necesidad de terner planes de vida, proyectos por los que moverse y aportar a la sociedad. NUnca pienses que no haces falta a nadie o que no puedes hacer nada porque ese pensamiento es para que nada cambie y dejar las cosas como están, afirmó.
Recurriendo a Alberto Hurtado les habló de la alegría y del fuego del evangelio. La contraseña de Hurtado era: ¿qué haría Cristo en mi lugar? Y les hizo repetir esa “contraseña” una y otra vez. “¿Qué haría Cristo en mi lugar, les repitió, en la escuela, la universidad, la casa, el trabajo, el barrio, en el deporte, en el estadio, cuando salen a bailar, etc .
Y les dijo: “usen esta contraseña porque así llegará el día en que sin darse cuenta su corazón latirá como el de Jesús”. Y les añadió: No basta aprender una enseñanza religiosa o doctrina. Hay que actuar, hay que vivir y esto implica correr riesgos. “Sean valientes. Salgan altiro al encuentro de sus amigos, a esos que no conocen o están en dificultad. Vayan y en el camino siempre habrá un “cargador”, les dijo.
Para terminar, les pidió un favor: “Sea ustedes los jóvenes samaritanos que nunca abandonan a alguien botado en el camino. Y háganse esta pregunta: ¿Alguna vez abandoné a alguien botado en el camino? Comprométanse con el sufrimiento de sus hermanos.
Los jóvenes vibraron con este encuentro y el mensaje de la contraseña con la pregunta de Hurtado resonó en la multitud.
/APN.

Francisco: “Arauco tiene una pena”

Reconocimiento al pueblo mapuche pero sin violencias, pidió el papa en Temuco.

Saludando en mapudungun y citando los versos de Violeta Parra, el papa Francisco inició su homilía en la misa celebrada en Temuco: “Arauco tiene una pena / Que no la puedo callar,/ Son injusticias de siglos / Que todos ven aplicar”. Luego con una oración especial rindió homenaje a los caídos en este aeródromo de Maquehue, lugar que en la dictadura fue ocupado para la detención y tortura de prisioneros políticos.

En lo central de su homilía Francisco habló de modo sencillo sobre el reconocimiento a la diversidad cultural y la necesidad de construir la unidad. “La unidad que nuestros pueblos necesitan -dijo- es que nos escuchemos pero sobre todo que nos reconozcamos (…) lo que nos introduce en el camino de la solidaridad como forma de construir la historia”.

Continuó señalando que todos “nos necesitamos para evitar la deforestación de la esperanza. Por eso pedimos, Señor, haznos artesanos de unidad”, proclamó.

Señaló que hay dos formas de violencia que amenazan dicha unidad.

Por un lado están “los bellos acuerdos que nunca llegan a concretarse y que terminan borrando con el codo lo que se ha escrito con la mano”. Al respecto, afirmó: “esto también es violencia porque frustra la esperanza”.

La segunda arma que no construye unidad, dijo, es atentar contra la vida humana.

“Una cultura del reconocimiento mutuo no puede cobrar vidas humanas. No se puede requerir reconocimiento aniquilando al otro porque esto lo único que despierta es más violencia. La violencia termina volviendo mentirosa la causa más justa”, afirmó.

Por eso, añadió: ¡No! a ninguna de las violencias. No nos cansemos de buscar el diálogo para la unidad”, porque “estamos llamado al  ‘bien vivir’ como lo recuerda la sabiduría mapuche, que es un anhelo hondo que resuena como canto en toda la creación”.

El papa concluyó su homilía dejando dos largos minutos para la oración, lo que fue acompañado por un impresionante silencio de la multitud reunida en el lugar, proveniente de todo el sur de Chile.

APN

Francisco habló claro a los obispos sobre la iglesia que construyen

Un claro mensaje dio Francisco en la reunión con los obispos en la Catedral de Santiago: “Si el pastor anda disperso, las ovejas también se dispersarán y quedarán al alcance de cualquier lobo” y “no al clericalismo y a mundos ideales que sólo entran en nuestros esquemas pero que no tocan la vida de nadie”, les señaló.

De entrada, el papa recordó a los obispos chilenos su la visita ad limina de hace un año y lo que les dijo en esa oportunidad. Y como al parecer nada nuevo ha pasado, Francisco les señaló en esta oportunidad: “Dentro de poco se cumplirá un año de su visita ad limina, ahora me tocó a mí venir a visitarlos”.

Entre los temas, Francisco advirtió a los obispos: “Digámoslo claro, los laicos no son nuestros peones, ni nuestros empleados”, y ha indicado que “La falta de conciencia de que la misión es de toda la Iglesia y no del cura o del obispo limita el horizonte, y lo que es peor, coarta todas las iniciativas que el Espíritu puede estar impulsando en medio nuestro”.

En otro tema señaló: «El clericalismo, lejos de impulsar los distintos aportes y propuestas, poco a poco va apagando el fuego profético que la Iglesia toda está llamada a testimoniar en el corazón de sus pueblos. El clericalismo se olvida de que la visibilidad y la sacramentalidad de la Iglesia pertenece a todo el Pueblo de Dios y no sólo a unos pocos elegidos e iluminados».

Y sobre los seminaristas les instruyó velar por el proceso formativo porque reconoció estar preocupado por la formación que reciben los seminaristas de Chile.

El texto completo de este discurso es el siguiente:

En primer lugar, quiero saludar a Mons. Bernardino Piñera Carvallo, que este año cumplirá 60 años de obispo (es el obispo más anciano del mundo, tanto en edad como en años de episcopado), y que ha vivido cuatro sesiones del Concilio Vaticano II. Hermosa memoria viviente.

Dentro de poco se cumplirá un año de su visita ad limina, ahora me tocó a mí venir a visitarlos y me alegra que este encuentro sea después de haber estado con el «mundo consagrado». Ya que una de nuestras principales tareas consiste precisamente en estar cerca de nuestros consagrados, de nuestros presbíteros. Si el pastor anda disperso, las ovejas también se dispersarán y quedarán al alcance de cualquier lobo. Hermanos, ¡la paternidad del obispo con su presbiterio! Una paternidad que no es ni paternalismo ni abuso de autoridad. Un don a pedir. Estén cerca de sus curas al estilo de san José. Una paternidad que ayuda a crecer y a desarrollar los carismas que el Espíritu ha querido derramar en sus respectivos presbiterios.

Sé que tenemos poco tiempo para este «saludo», pero me gustaría retomar algunos puntos del encuentro que tuvimos en Roma y que puedo resumir en la siguiente frase: la conciencia de ser pueblo.

Uno de los problemas que enfrentan nuestras sociedades hoy en día es el sentimiento de orfandad, es decir, sentir que no pertenecen a nadie. Este sentir «postmoderno» se puede colar en nosotros y en nuestro clero; entonces empezamos a creer que no pertenecemos a nadie, nos olvidamos de que somos parte del santo Pueblo fiel de Dios y que la Iglesia no es ni será nunca de una élite de consagrados, sacerdotes u obispos. No podremos sostener nuestra vida, nuestra vocación o ministerio sin esta conciencia de ser Pueblo. Olvidarnos de esto —como expresé a la Comisión para América Latina— «acarrea varios riesgos y/o deformaciones en nuestra propia vivencia personal y comunitaria del ministerio que la Iglesia nos ha confiado».[1] La falta de conciencia de pertenecer al Pueblo de Dios como servidores, y no como dueños, nos puede llevar a una de las tentaciones que más daño le hacen al dinamismo misionero que estamos llamados a impulsar: el clericalismo, que resulta una caricatura de la vocación recibida.

La falta de conciencia de que la misión es de toda la Iglesia y no del cura o del obispo limita el horizonte, y lo que es peor, coarta todas las iniciativas que el Espíritu puede estar impulsando en medio nuestro. Digámoslo claro, los laicos no son nuestros peones, ni nuestros empleados. No tienen que repetir como «loros» lo que decimos. «El clericalismo, lejos de impulsar los distintos aportes y propuestas, poco a poco va apagando el fuego profético que la Iglesia toda está llamada a testimoniar en el corazón de sus pueblos. El clericalismo se olvida de que la visibilidad y la sacramentalidad de la Iglesia pertenece a todo el Pueblo de Dios (cf. Lumen gentium, 9-14) y no sólo a unos pocos elegidos e iluminados».[2]

Velemos, por favor, contra esta tentación, especialmente en los seminarios y en todo el proceso formativo. Los seminarios deben poner el énfasis en que los futuros sacerdotes sean capaces de servir al santo Pueblo fiel de Dios, reconociendo la diversidad de culturas y renunciando a la tentación de cualquier forma de clericalismo. El sacerdote es ministro de Jesucristo: protagonista que se hace presente en todo el Pueblo de Dios. Los sacerdotes del mañana deben formarse mirando al mañana: su ministerio se desarrollará en un mundo secularizado y, por lo tanto, nos exige a nosotros pastores discernir cómo prepararlos para desarrollar su misión en ese escenario concreto y no en nuestros «mundos o estados ideales». Una misión que se da en unidad fraternal con todo el Pueblo de Dios. Codo a codo, impulsando y estimulando al laicado en un clima de discernimiento y sinodalidad, dos características esenciales en el sacerdote del mañana. No al clericalismo y a mundos ideales que sólo entran en nuestros esquemas pero que no tocan la vida de nadie.

Y aquí, pedir, pedir al Espíritu Santo el don de soñar y trabajar por una opción misionera y profética que sea capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se conviertan en un cauce adecuado para la evangelización de Chile más que para una autopreservación eclesiástica. No le tengamos miedo a despojarnos de lo que nos aparte del mandato misionero.[3]

Hermanos, encomendémonos a la protección maternal de María, Madre de Chile. Recemos juntos por nuestros presbiterios, por nuestros consagrados; recemos por el santo Pueblo fiel de Dios.

[1] Carta al Cardenal Marc Ouellet, Presidente de la Pontificia Comisión para América Latina (21 marzo 2016).
[2] Ibíd.
[3] Cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 27.


APN

Francisco: “La Iglesia que yo amo”

Una iglesia profética al estilo del cardenal Raúl Silva Henríquez pidió a los agentes pastorales el papa Francisco en su encuentro con curas, diáconos, monjas, religiosos y religiosas, y seminaristas, en la Catedral de Santiago.

Si en el parque O’Higgins pareciera que el papa habló crípticamente, en la catedral de Santiago, el papa habló claro, rotundo y de gran contenido espiritual no sólo para los agentes de pastoral sino que para todos quienes cumplen un rol misionero dentro de la iglesia.
En su mensaje, Francisco uso una trilogía narrada en el evangelio de cómo Pedro y la comunidad enfrentaron el abatimiento, se hicieron misericordiosos y se transfiguraron para cumplir con el mandato profético.
Se trató d eun gran discurso cuya lectura implica dejar de lado el modelo eclesial que seguido por la iglesia chilena y que ha sido construida básicamente desde la influencia de Fernando Karadima en el clero y episcopado del país.
Francisco en su cátedra magistral fue rotundo. Señaló que Iglesia profética no tiene miedo a salir para proclamar el evangelio en una humanidad herida. “Veo con cierta preocupación que existen comunidades que viven arrastradas más por la desesperación de estar en cartelera, por ocupar espacios, por aparecer y mostrase, que por arremangarse y salir a tocar la realidad sufri8da de nuestro pueblo fiel”.
Por ello, Francisco llamó a pasar “de una iglesia de abatidos y desolados a una iglesia de servidores” que no se identifica con asistencialismo ni paternalismo sino que considera al pobre por tener la misma dignidad y a sentarlo en nuestras mesas y hacerlo sentir en casa entre nosotros.
El encuentro concluyó citando por tercera vez en el día al cardenal Raúl Silva Henríquez. Francisco concluyó diciendo:
“Cuando comenzaba este encuentro, les decía que veníamos a renovar nuestro sí, con ganas, con pasión. Queremos renovar nuestro sí, pero realista, porque está apoyado en la mirada de Jesús. Los invito a que cuando vuelvan a sus casas armen en su corazón una especie de testamento espiritual, al estilo del Cardenal Raúl Silva Henríquez. Esa hermosa oración que comienza diciendo: «La Iglesia que yo amo es la Santa Iglesia de todos los días… la tuya, la mía, la Santa Iglesia de todos los días… Jesucristo, el Evangelio, el pan, la Eucaristía, el Cuerpo de Cristo humilde cada día. Con rostros de pobres y rostros de hombres y mujeres que cantaban, que luchaban, que sufrían. La Santa Iglesia de todos los días».
Te pregunto: ¿Cómo es la Iglesia que tú amas? ¿Amas a esta Iglesia herida que encuentra vida en las llagas de Jesús? Gracias por este encuentro, gracias por la oportunidad de renovar el «sí» con ustedes. Que la Virgen del Carmen los cubra con su manto”.

Aníbal pastor N, periodista

Francisco a las mujeres en prisión de Chile: “Gesten el futuro”

Más de 600 mujeres internas han recibido al Papa.  “Nadie puede ser privado de la dignidad, vosotras sois privadas de la libertad”, ha dicho el Papa Francisco a las mujeres en prisión de Santiago de Chile.

Francisco ha visitado este martes, 16 de enero de 2018, el Centro Penitenciario Femenino de Santiago en Santiago de Chile, en el segundo día de su viaje apostólico a Chile y a Perú, donde le recibían más de 600 mujeres, muchas de ellas con sus hijos.

El gimnasio del Centro Penitenciario estaba decorado con tiras de colores, banderines y cajitas con “rosarios de la paz”. Los responsables de la Pastoral Penitenciaria han explicado al Papa que en cada tirita hay escrita una frase que él ha dicho en los centros penitenciarios, en sus viajes.

Tras el saludo de la hermana Nelly León, de la Pastoral Penitenciaria, y de la interna Janeth Zurita, las mujeres en prisión han cantado al Santo Padre el himno “Pastor con olor a oveja”, compuesto por ellas mismas, inspiradas en las enseñanzas y mensajes de Francisco.

“Gestar vida”

El Papa les ha dedicado unas palabras a las mujeres en prisión, en su discurso a enumerado dos ideas: madres e hijos.

Su Santidad ha dicho a las madres: “Muchas de ustedes son madres y saben qué significa gestar la vida. Han sabido «cargar» en su seno una vida y la gestaron. La maternidad nunca es ni será un problema, es un don, uno de los regalos más maravillosos que puedan tener. Hoy tienen un desafío muy parecido: se trata también de gestar vida. Hoy se les pide que gesten el futuro”.

“Mirar el horizonte”

Queridas hermanas, ha anunciado el Papa: “Todo no da lo mismo. Cada esfuerzo que se haga por luchar por un mañana mejor –aunque muchas veces pareciera que cae en saco roto– siempre dará fruto y se verá recompensado”.

De los hijos, el Santo Padre ha dicho: “ellos son fuerza, son esperanza, son estímulo. Son el recuerdo vivo de que la vida se construye para delante y no hacia atrás”. En este sentido, ha indicado a las mujeres: “Hoy estás privada de libertad, pero eso no significa que esta situación sea el fin. De ninguna manera. Siempre mirar el horizonte, hacia adelante, hacia la reinserción en la vida corriente de la sociedad”.

“Dios está de nuestra parte”

La hermana Nelly León, de la Congregación del Buen Pastor, ha dirigido unas palabras al Papa ha agradecido al Santo Padre su visita: “En este gimnasio somos un poco más de 600 mujeres; pero hoy estas mujeres representan aquí, junto a usted, los casi 50 mil hombres y mujeres privados de libertad en Chile. Todos y todas hemos querido estar aquí para darle la bienvenida y agradecerle su presencia. Como usted verá, en las paredes de este lugar hay cientos de rostros, imágenes y palabras que provienen desde las varias cárceles de Chile; desde las cárceles de Arica hasta la de Porvenir”.

“Desde esta cárcel –ha expresado la hermana Nelly– testimoniamos la certeza que la vida triunfa sobre la muerte, el bien sobre el mal, la rectitud del corazón a la aridez del egoísmo. Dios está de nuestra parte, de parte de los pobres y marginados de esta tierra; y por eso su presencia; Santo Padre, nos viene a confirmar el camino que hacemos desde la cárcel a la libertad, desde el dolor hacia la alegría”.

“Gracias Papa querido. Todos y todas le pedimos su bendición”, ha concluido su saludo la religiosa chilena Nelly León.

“Pedimos perdón a todos los que herimos”

Janeth Zurita ha dado la bienvenida al Papa en nombre de todos los hombres y mujeres privados de libertad en Chile, y en particular de las mujeres de este Centro, “lugar de privación de libertad, pero no de sueños y esperanzas”.

Papa Francisco, ha dicho Janeth, “pedimos perdón a todos los que herimos con nuestro delito. Sabemos que Dios nos perdona, pero pedimos que la sociedad también nos perdone”.

La interna chilena Janeth Zurita ha compartido con el Santo Padre su preocupación: “Papa amigo, nuestros hijos son los que más sufren por nuestros errores. Con nuestra privación de libertad sus sueños se les truncan y este es un profundo dolor para nosotras”.

La chilena reclusa ha pedido al Santo Padre que tenga presente en sus oraciones a sus hijos y a ellas; y le ha pedido “que le diga a Dios que tenga misericordia de nuestros niños y niñas ya que ellos también cumplen una condena siendo inocentes”, ha pedido.

“Muchas de nosotras conocimos aquí la ternura y misericordia de Dios a través de los capellanes, agentes de pastoral y voluntarias. Todos ellos que, sin esperar nada a cambio, llegan semana a semana a compartir la fe y la gracia de Jesús que nos levanta de la tristeza”, ha manifestado la reclusa.

 

Fuente: Agencia ZENIT

Francisco: Dolor, Vergüenza y Perdón

Aníbal Pastor N. / periodista

“No puedo dejar de manifestar dolor y vergüenza ante el daño irreparable cometido a niños por parte de ministros de la Iglesia y es justo pedir perdón”, fue la frase principal que formuló Francisco en su discurso en La Moneda, durante la realización de la visita de Estado.

Se trató de un reconocimiento y petición de perdón que impactó en la opinión pública nacional e internacional, especialmente por formularse en una ceremonia protocolar, la primera que realiza el papa Francisco en Chile y donde emitió un discurso público.

Conforme a lo informado días antes de la llegada del papa por la ONG BishopAccountability, en Chile son 80 los religiosos y religiosas acusados por abusos a niños y niñas.

La lista fue publicada por dicha  ONG, y en ella se registran los abusadores emblemáticos de la Iglesia chilena, entre ellos los casos de los sacerdotes Fernando Karadima (diocesano) y John O’Reilly (Legionario de Cristo).

Mediante una sociedad sacerdotal que creó Karadima, se transformó en el formador y padre espiritual de medio centenar de curas y de3 un tercio del actual episcopado chileno, entre los que se halla Juan Barros, obispo de Osorno, quien es acusado de encubrir los abusos de Karadima y que Francisco no ha logrado remover de su cargo pese a las continuas protestas y reclamos de los laicos de esta diócesis del sur de Chile, incluso de otros obispos y sacerdotes de todo el país.

Consultado  el vocero de los laicos de Osorno, Juan Carlos Claret sobre esta formulación de perdón del papa, nos señaló escuetamente que la calificaba de “insuficiente, fome (sin gracia) y nada nuevo”.

 

Los pobres solo vieron pasar de lejos al papa

Una rigurosa seguridad y una aparente salida de protocolo marcaron la llegada de Francisco a Chile.

Siempre dentro de un automóvil cerrado que incluso ingresó hasta los jardines interiores de la parroquia San Luis Beltrán, y rodeado de casi 20 guardias, el papa Francisco saludó de lejos a los pobres que se apostaron en las afueras el templo, en lo que fue la primera estación del trayecto desde el aeropuerto a la Nunciatura Apostólica.

Dicha parroquia se ubica en un populoso sector de la zona oeste de Santiago, cercana al aeropuerto y se caracteriza por una población marcada por la pobreza, la desocupación, droga y falta de oportunidades. Hasta allí, cerca de cinco mil personas que aguardaron toda la tarde con cantos e himnos populares esperaban con entusiasmo la llegada de Francisco pero terminaron siendo “decepcionados” por no lograr contacto con él, como declararon a los medios de comunicación.

En este lugar se ubica la tumba de monseñor Enrique Alvear, llamado “Obispo de los Pobres”, quien durante la dictadura militar fue un fiel colaborador del cardenal Raúl Silva Henríquez y de la Vicaría de la Solidaridad. En aquel tiempo, Alvear no sólo defendió los derechos humanos sino que impulsó fuertemente las comunidades cristianas populares y proclamó con valentía una iglesia de los pobres y para los pobres.

Esta primera decepción de los excluído con la organización de la visita de Francisco contrastó fuertemente con la llegada que tuvo el papa en la Nunciatura Apostólica.

Aquí, en el fin de su recorrido, el papamóvil se detuvo en la calle sin ingresar al recinto diplomático, donde cerca de 300 personas esperaban al papa. Estas estaban debidamente invitadas y empadronadas por la comisión organizadora nacional, y por ello, en una aparente salida protocolar, pudieron saludar y besar a Francisco mientras éste repartía bendiciones a niños, familias y enfermos.

En su mayoría se trató de un público adolescente de colegio católicos, pertenecientes al Opus Dei según señalaron algunos de ellos a la prensa, y de algunas familias jóvenes con niños en sus brazos pertenecientes a movimientos y parroquias de sectores medios.

En el resto del trayecto sólo destacó el alto nivel de seguridad. Mientras algunas organizaciones populares juveniles manifestaban su protesta por la visita papal en sectores céntricos de Santiago, y los laicos de Osorno mostraban su carteles contra el obispo Barros, en los edificios del trayecto se observaban francotiradores que vigilaban el comportamiento de la ciudadanía.

En las veredas se apreciaban algunos peregrinos argentinos y migrantes sobre todo venezolanos y haitianos, quienes se sumaron a chilenos y chilenas que a última hora decidieron salir a la Alameda Bernardo O’Higgins para recibir a Francisco. Fue una muchedumbre que distó mucho de la masiva multitud con que Chile recibió a Juan Pablo II hace 31 años, en plena dictadura militar.

/Aníbal Pastor N.

El relato de los años más difíciles del Papa Francisco

A fines de los 80 Jorge Bergoglio era un sacerdote con liderazgo fuerte entre los jesuitas más jóvenes. Ya había sido la máxima autoridad de la orden y algunas decisiones que tomó le generaron detractores. Cuando ese grupo asumió la jerarquía, Bergoglio fue aislado y enviado a Córdoba. De esos años, el periodista y biógrafo que investigó la historia, Javiera Cámara, habla en esta entrevista de Nancy Castillo en Tele13 Semanal.

 

 

La Tercera: Gobierno señala que en 15 días más se tendrá cifra exacta del costo de la visita del Papa

Gobierno señala que en 15 días más se tendrá cifra exacta del costo de la visita del Papa