Francisco: “La Iglesia que yo amo”

Una iglesia profética al estilo del cardenal Raúl Silva Henríquez pidió a los agentes pastorales el papa Francisco en su encuentro con curas, diáconos, monjas, religiosos y religiosas, y seminaristas, en la Catedral de Santiago.

Si en el parque O’Higgins pareciera que el papa habló crípticamente, en la catedral de Santiago, el papa habló claro, rotundo y de gran contenido espiritual no sólo para los agentes de pastoral sino que para todos quienes cumplen un rol misionero dentro de la iglesia.
En su mensaje, Francisco uso una trilogía narrada en el evangelio de cómo Pedro y la comunidad enfrentaron el abatimiento, se hicieron misericordiosos y se transfiguraron para cumplir con el mandato profético.
Se trató d eun gran discurso cuya lectura implica dejar de lado el modelo eclesial que seguido por la iglesia chilena y que ha sido construida básicamente desde la influencia de Fernando Karadima en el clero y episcopado del país.
Francisco en su cátedra magistral fue rotundo. Señaló que Iglesia profética no tiene miedo a salir para proclamar el evangelio en una humanidad herida. “Veo con cierta preocupación que existen comunidades que viven arrastradas más por la desesperación de estar en cartelera, por ocupar espacios, por aparecer y mostrase, que por arremangarse y salir a tocar la realidad sufri8da de nuestro pueblo fiel”.
Por ello, Francisco llamó a pasar “de una iglesia de abatidos y desolados a una iglesia de servidores” que no se identifica con asistencialismo ni paternalismo sino que considera al pobre por tener la misma dignidad y a sentarlo en nuestras mesas y hacerlo sentir en casa entre nosotros.
El encuentro concluyó citando por tercera vez en el día al cardenal Raúl Silva Henríquez. Francisco concluyó diciendo:
“Cuando comenzaba este encuentro, les decía que veníamos a renovar nuestro sí, con ganas, con pasión. Queremos renovar nuestro sí, pero realista, porque está apoyado en la mirada de Jesús. Los invito a que cuando vuelvan a sus casas armen en su corazón una especie de testamento espiritual, al estilo del Cardenal Raúl Silva Henríquez. Esa hermosa oración que comienza diciendo: «La Iglesia que yo amo es la Santa Iglesia de todos los días… la tuya, la mía, la Santa Iglesia de todos los días… Jesucristo, el Evangelio, el pan, la Eucaristía, el Cuerpo de Cristo humilde cada día. Con rostros de pobres y rostros de hombres y mujeres que cantaban, que luchaban, que sufrían. La Santa Iglesia de todos los días».
Te pregunto: ¿Cómo es la Iglesia que tú amas? ¿Amas a esta Iglesia herida que encuentra vida en las llagas de Jesús? Gracias por este encuentro, gracias por la oportunidad de renovar el «sí» con ustedes. Que la Virgen del Carmen los cubra con su manto”.

Aníbal pastor N, periodista